harriak: «no hay tierra para tanto profeta, profeten kabitu ezina», jornada de acciones y otros encuentros

No hay tierra para tanto profeta: bete gabeko profezia baten giro-collagea / collage ambiental de una profecía incumplida

Nerea Ibarzabal Salegi

7 de agosto

 plaza

He llegado un cuarto de hora antes de que fuesen las once. No es conveniente llegar muy apurada en estos casos. Sería duro llegar un poco tarde y que alguno de los ancianos y ancianas que se sientan en el banco que está enfrente de la fuente dijese: “!Ha pasado hace cinco minutos! !Se ha cumplido la profecía, la revelación, lo que sea, sin ti! Sí, sí, acaba de pasar, la estrella fugaz, el meteorito. Afortunadamente, todos y todas que hemos estado aquí hemos escuchado cuál es el sentido de la vida. Es una pena que tú no lo hayas escuchado, siendo tan joven, y nosotros, en cambio, tan mayores. A ti te hubiese servido más lo que nosotros y nosotras sabemos ahora, pero, bueno. ¿Qué le vamos a hacer, pues?”. Pero en el banco de enfrente no se ha sentado nadie, menos mal. La plaza sigue desierta, se oye desde lejos el silencio de un fin de semana de agosto. Los niños y niñas se han llevado el fragor de sus juegos a otra parte; a medida que nuestro pueblo se enmudecía, los pueblos más templados de la costa se llenarían de ruidos y gritos. Me he sentado en el asiento que hay debajo de dos robles para esperar las campanas de las once. Las bellotas recién caídas cubren la tierra y ahora solo se escuchan los pájaros. Dos pájaros, a turnos. El panadero ha entrado hasta la plaza con la furgoneta. Antiguamente esta plaza tan amplia y vacía se convertía en aparcamiento de coches, y en una de las principales entradas a la villa que existía aquí en algún tiempo aún más antiguo, Goiko Portala, pues en la Edad Media Markina estaba sitiada, a pesar de que ya no esté, al menos no con piedras, sí, tal vez, con estacas y cancillas invisibles, como en todos los pueblos. Siempre tienen un precio entrar en la villa. (más…)

XENA

de Xena a XenaGabrielleArgoAmbar

Jesús Arpal Moya (Jesús Jeletón)

Entre encuentros y desencuentros con las artistas con las que trato de establecer contacto desde la distancia y múltiples filtros y unas cuantas imposibilidades, Xena se apareció como un cruce de caminos inesperado. Me sugieren que escriba sobre Xena, la princesa guerrera. (más…)

paladin

el arte de gobernar accidentes

Iñigo Astiz

La exposición Paladin se ha abierto al público en Bastero Kulturgunea de Andoain dentro del programa Harriak, dedicado a la apertura de nuevos espacios para el arte contemporáneo. La colección reúne las obras de Miren Barrena, Leire Lacunza e Ibon Landa, y también incluye una proyección de vídeo para principios de diciembre.

«De repente tenía piezas nuevas». Miren Barrena (San Sebastián, 1996), con la transparente alegría de alguien que acaba de hacer un descubrimiento, ha recordado el trabajo de montaje de la exposición colectiva Paladin que han inaugurado en Bastero Kulturgunea de Andoain. Leire Lacunza Miranda (San Sebastián, 1996) e Ibon Landa Amutxategi (Vitoria, 1994) son los otros dos creadores que forman la exposición, y la mediación ha corrido a cargo de Damaris Pan, artista y profesora del Grado de Arte y del Máster de Pintura de la UPV-EHU. Sin embargo, no han tenido el viento a su favor. (más…)

3+1 20”

paola

amets arzallus

Paola

El mar lame la piedra y los hablantes las palabras. Y al final, las palabras y las piedras ceden, y se van rompiendo poco a poco. Rompiéndose y reduciéndose. Y adquieren una identidad particular. Y entonces se convierten en características de ese lugar en concreto.
La “farola” de Zumaia, desde su construcción, ha conocido a un sinfín de olas. Y ha perdido las piedras y una “R” con el vaivén de las mismas. Y como ocurre con muchas palabras en euskera, la F inicial se convirtió en P en algún momento. Y desde entonces comienza con un golpe de percusión: Paola. En esa colina de Talaimendi, donde la caricia del viento es más un «golpe» que un soplo. La música de las palabras siempre nos dice algo.
Desde entonces, en el Cantábrico, quien escucha la palabra “paola” ya sabe a qué faro se refiere. No tiene que esperar a las señales luminosas.
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Ez bultza egin!

¡Callarse!

Marixe Ruiz de Austri Arexolaleiba

“Los límites de mi lengua son los límites de mi mundo” Wittgenstein, L. (1961). Tractatus Logico-Philosophicus

El cuerpo se ha despertado en silencio, no ha hecho el menor ruido. Ha puesto un pie en el suelo de losas frías, pisando grietas que aún resuenan voces del pasado e imponiendo su silencio. Ha creado una escena especial en la que incluso el silencio tiene su valor, así como la posición de los pies y el sentido de la mirada. El insecto que mira por el pequeño agujero de debajo de la pared también ha notado la importancia de la semiótica en ausencia de palabras.

El cuerpo recién despertado no tiene todavía ninguna máscara, ni ruido, ni sonido, ni melodía, sólo el susurro del silencio. Como si estuviera inmerso en una guerra interna, aborda el reto que se había puesto a sí mismo en una pizarra que tiene en la esquina de la habitación, empieza a escribir. No es un reto fácil, quiere desgarrar los límites del alfabeto, pero sin crear sonido, ya que duda si la música de las letras no será demasiado despiadada para los oídos más finos.

Comienza el trabajo que se ha autoimpuesto, enumerando los elementos que componen el cuerpo.

Arruga, Cara, (re)Celo, Diente, Fachada, Fluidez, Frente, Herida, Hígado, Lengua, Mano, Nariz, Neurona, Ojo, Pelo, Plasma, Puño, Saliva, Sangre, Tensión, Tiempo.
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