Guacamayo

Guacamayo

Teresa García Martínez

T: Dime que no me llamas para convencerme de que vaya al sitio ese
A: Buenos días a ti también. Y sí, te llamo justo por eso
T: Pues te hubieras ahorrado el esfuerzo, ningún interés en ir a la cosa esa, la verdad
A: ¿La cosa esa? ¡Que es una exposición de arte, señora! Pensaba que, siendo de letras, lo de hablar con propiedad se te daba mejor…
T: Y se me da estupendamente, gracias señoro. Por eso lo he llamado así, porque ‘exposición’ me resulta un tanto, no sé cómo decirlo… ¿ambicioso? A no ser que se estén exponiendo a hacer el ridículo, porque si es así, entonces tengo que darte la razón
A: ¡Para el carro, Mariano! Que coges carrerilla y conociéndote lo mismo acabas incendiando el claustro en plan inquisidor…
T: ¿El claustro? ¿Donde me dijiste que se iba a hacer “eso”? Ay no no no, por favor, ¡Dios me libre de cargarme una reliquia barroca!
A: Reliquia barroca, ¿eh? Veo que para repugnarte tanto “la cosa”, algo has investigado por ahí
T: Hombre, es que para hablar con propiedad hay que documentarse, aunque sea un poco… y tengo que decir que me gustó la historia, un hombre que quiso rendir tributo a su municipio cediendo una gran suma de dinero para construir un convento y colegio, elevando el nivel cultural y religioso de la zona…
A: Sí, ese hombre del que hablas también fue un “niño bien” que se enriqueció saqueando minas de oro y plata en el centro de Méjico… y luego volvió asqueado por la falta de verdadera fe cristiana entre los indígenas americanos y decidió redimirse montando en su pueblo un tinglado lo más religioso posible… que todo en esta vida tiene dos o más lecturas, querida
T: Uyuyuuyy, ¡que el amigo se ha levantado hoy con ganas de invadir Polonia! Pues baja un poco, que te veo gin tonic va gin tonic viene para olvidar que has tenido que ir solo a la… ¿”performance” te gusta más que “cosa”?
A: Jajajaa, madre mía, no sé yo quién está aquí jugando a hundir la flota… lo que más me llama la atención de todo esto es que tú eres violinista…
T: Sí, y tú informático. Qué horror
A: Habló la del gin tonic, en fin… a ver, me refiero a que me resulta cuanto menos curioso que seas tan reactiva con las exposiciones de arte contemporáneo teniendo tú también una profesión artística
T: No me compares, no es ni parecido
A: Ajá. Respuesta de un niño de 4 años
T: No es ni parecido porque yo toco música que ha pasado la criba del tiempo y por lo tanto es de una calidad indiscutible. Autores cuyas obras conoce y tararea medio mundo, ¡si me apuras!
A: Ya. Personas que empezaron, como otros tantos, escribiendo alguna basura que otra probablemente, aprendieron de errores propios y ajenos y se reinventaron una y otra vez hasta dar con la clave de su estilo. ¿Me equivoco?
T: No, estoy de acuerdo con eso. Pero las piezas que los han hecho famosos son preciosas, sin ninguna duda. Obras de arte con mayúsculas, reconocidas por reyes, aclamadas por el gran público, grabadas infinidad de veces… no sé cuántos ejemplos más necesitas
A: Hombre, hablar de objetividad en el arte… no sé si es muy ético. Para mí, la belleza es algo totalmente subjetivo, aparte de que no tengo muy claro que el arte tenga que estar relacionado con “lo bonito”
T: No, está relacionado con lo asqueroso, claramente. ¡Venga ya!
A: Pues para mí podría perfectamente. ¿Quién decide lo que significa una obra? Podría ser que el autor quisiera transmitir algo concreto o dejarlo abierto a lo que interprete el público… o que la propia pieza se complete mezclando la parte de la creación con la recepción, el espacio donde se ubica…
T: Después de tantos años, está claro que Dafne te marcó
A: Sí, y mucho. Pero los dos sabemos que hubo un antes y un después de aquella mujer. ¿Recuerdas su teoría sobre lo que les pasa a las personas altamente sensibles?
T: Creo que sí… si no me falla la memoria, los definía como “gente que está algo rota”, y por las fracturas dejan pasar parte de su esencia, por lo que, a la vez que resultan más transparentes que la mayoría y les cuesta horrores mantener una máscara social sólida, también son capaces de absorber cualquier pequeña falla del entorno, bien sean sentimientos de otros como sonidos, luces y demás elementos. Por eso, sufren más que cualquiera, pero también disfrutan como nadie
A: Veo que tú tampoco la has olvidado…
T: La verdad es que no, y creo que nuestra amistad probablemente nunca habría llegado a ser la que es si no hubiésemos coincidido en aquella clase… ”¡el contexto, fundamental!, poned siempre las cosas en contexto para poder entenderlas”, decía… fue una tragedia lo de aquella mujer, lo sentí mucho
A: ¿Qué le pasó??
T: Pues que pidió el traslado a una vacante en su pueblo y se lo concedieron, ¿no te acuerdas?
A: Ay señor, ¡no puedo contigo a veces! Que me dan micro-infartos por tu culpa cada dos por tres. Pero volviendo al tema, ¿nunca has tocado música de vanguardia? Solo por curiosidad
T: Ufff… pues alguna vez, sí, pero lo evito con todas mis fuerzas. Antes de que preguntes, es porque a veces es tan poco precisa la partitura que se hace realmente complicada de interpretar, imposible diría incluso… reproducir exactamente las indicaciones de quien ha creado la pieza, vamos. Y eso me crea mucha frustración e inseguridad, y te diría que muchos compañeros opinan parecido
A: ¿Y eso no te da qué pensar? Quiero decir, ¿qué problema hay en que no reproduzcas una obra al 100%? Qué aburrimiento tocar una misma pieza una y otra vez igual… estoy pensando que lo que hacéis los intérpretes, sin quitar el mérito a lo difícil que es dominar un instrumento, no tiene nada de artístico en el sentido de la frescura, la espontaneidad…
T: Pues ahí te equivocas, ¡de medio a medio! Cada instrumentista cambia pequeñas cosas en su interpretación, es más… cada vez que tocas una pieza, es muy difícil que hagas siempre las mismas cosas, porque tocar es algo vivo, orgánico, siempre en evolución
A: Vamos, que me estás dando la razón, incluso en la repetición hay aleatoriedad… ¡te pillé!
T: Venga valee, ¡touchée!!
A: Y si no sueles tocar música de vanguardia, ¿qué es lo que más trabajas?
T: Pues repertorio entre el Renacimiento y el Romanticismo, principalmente… como la mayoría de mis compañeros músicos
A: Aah… perdona mi ignorancia, pero de lo que sé de historia, en esa franja temporal que me dices estuvo el mecenazgo en su máximo apogeo… vamos, que, si no me equivoco, ¿te dedicas a reproducir piezas en las que el autor muchas veces tenía poca o nula libertad creativa, obras que los ricos de turno habían encargado y podían incluso destruir por ser sus verdaderos dueños?
T: ¡Te dejo! Que además me tengo que preparar
A: ¿Qué? Pero… ¿se puede saber qué prisa te ha entrado?
T: Te acompaño a la cosa esa
A: Chee espera, espera, que no te vas a ir de rositas. Conteste a la pregunta, se lo ruego
T: ¡Mira el graciosito este! No te rías tanto, que ya sabes cómo me las gasto, eh? Si tenía yo a la Dafne encandilada, por algo sería…pues a ver, tienes algo de razón, pero poca…lo que nuestra querida profe decía, ¡te has dejado el contexto en casa! Y en este caso es fundamental. ¿Quién no vivía bajo presión en aquellas épocas? Suerte era tener la estabilidad de trabajar para alguien de por vida, que como bien sabes también se puede ser esclavo de tu propio trabajo, y si no, díselo a los autónomos…
A: Ya estamos mezclando churras con merinas
T: Noo, déjame terminar, que te has metido en arenas movedizas tú solito. Te pongo el ejemplo de Mozart. ¿Lo conoces?
A: Pues creo que no me suena… es que vivo en Marte, ¡no te joroba! ¿Y qué pasa con él?
T: Pasa que hoy día lo tenemos como uno de los mayores genios de la música, y por lo tanto debería haber sido el rey del mambo en su época y haber trabajado para la realeza con un buen sueldo fijo, ¿verdad? Pues nada que ver, el pobre se pasó la vida intentando obtener un puesto acorde a su talento, pero nunca lo consiguió… y los apuros económicos fueron una constante en su vida
A: No sé dónde oí que era un manirroto y dilapidó fortunas en ropa, juego y fiestas varias… y que era díscolo y no soportaba que lo tratasen como a un siervo…
T: Sí, eso también, pero a lo que iba es a que, en aquel momento, no tener un señor que te gobernara podía salirte muy caro. Así que, a falta de otra cosa, mejor componer lo que te piden que ser libre y pobre como las ratas
A: Ya, ¿y la creatividad dónde queda ahí? Ahora no me vendas la moto de que es lo mismo tener opciones que ajustarte a parámetros que te han sido dados
T: Poca moto te voy a vender, ya sabes que no tengo ni carnet de conducir… y opino justo lo contrario, tu creatividad no te la va a quitar nadie, es más, incluso te diría que aumenta precisamente cuando tienes poco margen de maniobra… además, tampoco tenían mucho para pensárselo, normalmente los tiempos entre el estreno de una obra y la siguiente eran ridículamente cortos
A: Vamos, que la cosa mejora por momentos… a mí me daría un parraque, fijo
T: A ti seguro, pero a mí por ejemplo me va perfecto, soy mucho más productiva cuando se me agota el tiempo
A: Qué forma más elegante de definir la procrastinación
T: Buff, no sé ni cómo te aguanto… en mala hora nos sentaron juntos en aquella clase…
A: Baah, si me adoras, y lo sabes. Somos la contradicción perfecta. Siempre fui de preparar las cosas con antelación, y creo en la libertad, ante todo, a cualquier precio. Tú en las cosas bien atadas, aunque sean de último minuto
T: Qué ganas me están entrando de colgarte…
A: ¿De dónde?
T: El teléfono,¡lerdo! Que nos hemos puesto a divagar y como no nos demos prisa, ¡se nos pasa la exposición!
A: Anda, pero si ya la llamas por su nombre y todo, WOW
T: En tu autodescripción se te ha olvidado incluir “tocapelotas profesional”, no sé cómo se te habrá podido pasar
A: Eso es justo lo único que tenemos en común, amiga