Lo que nos diferencia [de los pájaros] no es nuestra inclinación por ornamentar el espacio […], sino que dividimos el espacio.
Los argonautas
Maggie Nelson
…
El espacio expositivo se ubica al fondo del vestíbulo y queda en una zona de paso. Consiste en una pared blanca, no muy alta, y el espacio circundante.
La pared muestra el paso del tiempo y esconde una ventana tapiada. Una grieta delimita su contorno y de las esquinas parten otras tantas por la tensión contenida de la escayola.
La ventana invita a su apertura.
Desde el sótano, se accede al frontón. Esta pared, paralela al frontis, tiene un cerramiento acristalado. No hay, por tanto, una pared de rebote per se. Cuando las luces están apagadas, refleja aquello que tiene delante y apenas se perciben las líneas blancas del frontón sobre un fondo negro.
Es como un presagio.
El edificio se configura a partir de cubos. Su estructura es, por tanto, predecible y la circulación resulta intuitiva, incluso en una primera visita. En el sótano, sin embargo, es fácil desorientarse.
Un pasillo vertebra esta planta: a ambos lados puertas que dan acceso a estancias amplias en las que la altura varía; y, al final, un espacio singular, de suelo verde, con un lucernario.
En la reconstrucción del edificio, se decidió cerrar el frontis. Esta modificación debió de cambiar, entre otras cosas, la experiencia acústica del espacio.
Dardara. Durundi. Dirdira…
Las paredes del frontón muestran la impronta del impacto de la pelota. Una nube de lunares blancos se acumulan en la esquina, enmarcada por una franja azul: la intersección de tres líneas, el encuentro de tres planos. Una pared/ventana o una ventana/pared desde la que observar, desde la que sostener.
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La relación entre Andrea, Carmen y Gabriele se me presenta como una voluntad de dejarse tocar por el espacio, de incorporar elementos propios de él y de volverse lugar.
Su práctica manifiesta una búsqueda similar: desde la observación, el reconocimiento y la intuición tratan de desvelar una suerte de corriente. Comparten una sensibilidad, una forma de hacer que parte de la repetición de una forma o un gesto, que muta poco a poco en variaciones que articulan un universo propio.
De algún modo, su trabajo también hace eco del frontón, como espacio físico y simbólico; y de la pelota, como ritual y estética. Este es un deporte en el que se juega junto al adversario, no frente a él. Pienso que hay algo de esto en la obra de las tres: un mirar de soslayo, para que no se apague el destello, a la espera de lo que devuelve el rebote.
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